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El libro y la soberbia

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Parábola X

Por Plinio Soto Muerza
Con desparpajo me espeto: “y para que me sirve ese libro”. Su respuesta con tono hasta de burla, tal vez de revancha por las opiniones vertidas en contra de su fe política, se coronó argumentando: “ya sé lo que tengo que saber”. Ah, pero eso sí, el amigo, que de rojo sólo tiene los ojos cuando termina de fumarse un cigarro, me ha dicho una y otra que es de izquierda.
-Pudiera servirte ahora que trabajas en el congreso-, le respondí aun tratando de convencerle para adquirir a un precio de rebaja sobre rebaja, el libro de Técnica Legislativa que le llevaba. -No creo amigo, sé todo lo necesario-, me respondió de nueva cuenta antes de volver a su escritorio.
Con sus respuestas, pesadas como lapidas del Juan de la Luz, guardé el libro, fruto del trabajo académico de un viejo compañero que labora hoy en la Universidad de Guadalajara, y salí reflexionando: nada que hacer cuando en año y medio se ha aprendido lo que tarda años en aprender un asesor legislativo, ¡vaya proeza!
Antes de salir, le extendí la mano, agradeciéndole sus atenciones mientras el libro quedaba a resguardo de nuevo entre mis plumas y papeles de mi morral. Ante la soberbia, poco o nada se puede hacer. Tal parece que las generaciones de nuevos asesores y asistentes que han llegado a los espacios de trabajo legislativos han dejado de leer y sobre todo de estudiar. Antes siempre estábamos aprendiendo los compas que llegábamos al congreso. Todos los días nos repetían que, si bien en los tiempos de mayorías autoritarias podían perderse votaciones, lo que no podía perderse era la lucha de las ideas, el debate; la técnica legislativa de la izquierda tenía que ser pulcra. Si era minoría, la izquierda no podía darse el lujo de ser tonta. Se perdían las votaciones, pero era agradable saber que nunca nos ganaban un debate. La inteligencia, se cultivaba con orgullo y tesón.
La lucha de las ideas era fundamental, y para ello los libros jugaban un papel crucial; comprar libros, buscar y adquirirlos era tarea de trabajo. Parte de la formación política y legislativa de los asesores, era una necesidad saber historia, economía, sociología, técnica legislativa, todo lo que se pudiera. El chiste era aprender y mucho. Leer era condición natural de quienes trabajábamos en las minorías de izquierda.
El amigo me ha mostrado que, un nutrido grupo de soberbios saben todo, y no necesitan leer, aunque no sepan ni escribir una cuartilla para el antecedente de una iniciativa. Los libros ya no les son útiles, ahora con las redes sociales e inteligencia artificial, arman discursos en 15 minutos, ¡vaya en nueve!
Mire el reloj, ante soberbios no puedo darme el lujo de perder el tiempo.
En la calle y andando pensé que quizás la suerte cambié pronto. Con el libro en el morral le seguí dando a la vida. Sólo es cuestión de no rendir los pasos. Un día de estos regresaremos en las izquierdas a cultivar la inteligencia que nos ayudó siempre a vencer a los pequeños fachos de estas tierras. Se volverá al estudio, y la realidad que nos rodea la sabremos comprender. Los tontos y los soberbios tendrán que irse, o regresar a donde estaban. La onda es no dejarse vencer y seguir luchando, por lo que hemos creído y luchado en las calles, por cierto, con libros siempre bajo nuestros brazos.

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DERECHOS DE AUTOR
Esta información pertenece a su autor original y fue recopilada del sitio https://www.diarioelmundo.com.mx/index.php/2023/07/18/el-libro-y-la-soberbia/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=el-libro-y-la-soberbia

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